Reflejo de nuestros días

por Eduardo Boix, “Información” (Alicante), 3 de diciembre, 2020

(En la imagen: Francisco Veiga en Bruselas, otoño de 2018, ciudad y momento en el que arranca la novela)

La generación de los ochenta creció mecida gracias al videoclub. Les encantaba deambular por sus pasillos, descubrir las novedades que estimulaban la vista y el cerebro. Gracias a estos establecimientos se vio mucho cine. Hay demasiada cultura cinematográfica en la vida de aquella prole nacida en plena Transición. Aquellas películas les marcaron profundamente. Las de James Bond crearon un mito que hoy perdura, el espía seductor, impasible, que casi ni se despeinaba y siempre se llevaba a la chica guapa. Este cine lleno de estereotipos marcó a una generación. Un icono fue Agente 007 contra el Doctor No. Hoy hablaremos de una obra del género que traslada al lector a aquel clásico personaje de Ian Fleming, Su título es Las reglas de la cabra.

Las reglas de la cabra de Francisco Veiga, editada por la editorial alicantina Mankell, no es una novela de espías al uso, es decir, utiliza elementos de las mismas para llevarlas a su terreno. Veiga nos introduce en la historia reciente de España y del mundo dentro de su particular visión, inventándose una realidad paralela alrededor de los acontecimientos que han  ido pasando en los últimos años. Un asesino de identidad anónima intenta asesinar a Carles Puigdemont pero falla. Este es el arranque de esta obra de corte hiperrealista pero con una gran carga de lirismo. Si no fuera porque es ficción, a veces por el estilo y por la forma, creeríamos que estamos ante una obra de no-ficción un reportaje sobre el mundo actual, donde sin saberlo, estamos siendo testigos de una lucha cruenta por el control geoestratégico. Estamos viviendo una situación extraña, como un fin de ciclo y esto lo sabe plasmar muy bien Veiga en su novela.

Las reglas de la cabra de Francisco Veiga bebe de muchas fuentes, no solo de las obras policíacas, detectivescas o de espías clásicas. Por sus páginas circulan de la mano Collins, Lapierre, Capote, Montalban, Mann o Heller. Como buen thriller de acción es trepidante pero es muchas cosas más, tiene poso. La parte de No ficción que he mencionado antes, me ha recordado a un magnífico libro de Manuel Vázquez Montalbán Galíndez, en esta novela el autor catalán trata un oscurso suceso real: el secuestro, tortura y asesinato en 1956 de Jesús de Galíndez, representante del Gobierno vasco en el exilio ante el Departamento de Estado estadounidense. Galíndez al igual que Las reglas de la cabra, hace un retrato certero de la realidad contemporánea y nos da claves para entender porque hemos llegado a la época actual. Veiga utiliza la excusa del espionaje, de Puigdemont, de la actualidad para hacer un retrato de Cataluña y del mundo que le rodea. Es un buen cronista de lo que nos acontece. Todo en su libro es una justificación para analizar una realidad que lo podría haber hecho en un ensayo, pero usa la ficción para recrearse, incluso, divertirse.

Las reglas de la cabra de Francisco Veiga es una novela actual pero no se quedará desfasada, porque, por desgracia, habla de conflictos universales que no van a acabar nunca. Esta sociedad globalizada plagada de nacionalismos, es un buen caldo de cultivo para los análisis de Veiga. Las reglas de la cabra es la reconstrucción de un rompecabezas de mil piezas. Una novela crónica de lo que nos acontece.

La última novela de Francisco Veiga se puede encontrar sólo en formas digitales. Merece la pena esta obra realista- distópica. Puede que Veiga haya reinventado un género: la ciencia de no ficción.