“The Americans”: los troyanos

The Americans es una serie creada por el guionista Joe Weisberg y producida por la cadena de televisión FX. Empezó a emitirse en enero de 2013 y hasta ahora se han completado seis temporadas. Narra la vida de una pareja de espías soviéticos residentes en régimen de “infiltración profunda”, en los EEUU, durante la década de los 80s.

La serie tiene tres niveles. El puramente narrativo funciona muy bien y Weisberg, que trabajó en la CIA, logra mantener la tensión del espectador durante las seis temporadas con una historia que da mucho de si: una pacífica familia que parece puramente americana está formada en realidad por un matrimonio ficticio compuesto por dos agentes soviéticos de élite y sus respectivos hijos que, inicialmente, no saben nada sobre las actividades de sus padres. Inicialmente: luego las cosas van cambiando con lo que se añade más carnaza argumental a la serie.

El segundo nivel corresponde al de la documentación, también resuelta satisfactoriamente a partir de la inspiración en un caso real: el del matrimonio de espías Elena Vavilova y Andrei Bezrukov, cuya historia podéis leer aquí.

El momento histórico está muy bien escogido (el periodo de Breznev a Andropov y Chernenko en la URSS, con Reagan en la Casa Blanca y algunos de los momentos más peligrosos de la Guerra Fría) y bien ambientado. Y de paso, una pulla al FBI y sus meteduras de pata de parte del guionista y ex agente de la CIA, Joe Weisberg.

El tercer nivel, el de la verosimilitud, ya es otra cosa. La vida al límite de los protagonistas de The Americans está muy lejos de ser real. “La gente piensa que siempre estás al límite, pero en realidad la mayor parte es muy rutinaria y aburrida”-explica en la entrevista. Claro que eso no puede ser una crítica a la serie The Americans, un producto muy bien elaborado, que cumple su misión de entretener y a la vez, enseñar. Eso sí: encaja muy bien en la mentalidad de cierto público estadounidense obsesionado desde el macartismo y hasta Homeland con la amenaza del Caballo de Troya, la invasión callada de agentes enemigos, indistinguibles del buen vecino de toda la vida.