En el nombre de Alicia

“El terrorismo es un juego psicológico de intensificación. No es el último atentado el que provoca el miedo. Es el siguiente”

Fox, Amaryllis. Encubierta (No Ficción) (Spanish Edition) (p. 9). Roca Editorial de Libros. Edición de Kindle.

Algunos servicios de inteligencia permiten o fomentan de vez en cuando memorias de ex agentes con claros fines propagandísticos. No resulta fácil gestionar ese género de autobombo amable, pero la CIA parece disponer de un buen gabinete de producción de vidas ejemplares. Un ejemplo reciente de este subgénero es la autobiografía de Amaryllis Fox, Encubierta. Mi vida al servicio de la CIA (Roca Ed., 2021). La obra está bien escrita desde un punto de vista formal. Las imágenes fluyen con brillante originalidad, las situaciones y sentimientos están descritas con precisión:

“Me enamoro intensa y rápidamente del mundillo de la Agencia. Hablamos en criptónimos («crypts») y acrónimos de tres letras. Sentimos el peso del mundo en los hombros. Se nos convoca a cualquier hora para gestionar la crisis de turno. Es como si todo lo que pasa en el planeta nos ocurriera a nosotros. Como si cada uno de nuestros movimientos fuera importante. Como si fuéramos importantes. Y eso crea adicción” (p.82)

El relato resalta que la protagonista conoce el oficio, pero no cae con exceso en la narrativa de procedimiento. Podría haberlo hecho, por qué no, pero Amaryllis Fox prefiere recorrer otros senderos. Los de una narrativa que recuerda un tanto a la Alicia de Lewis Carroll atravesando el espejo.

De esa forma consigue hacer muy convincente esa biografía, hasta el punto de terminar incluso en las páginas de las revistas Vanity Fair o Vogue: la joven ingenua y bienintencionada que cree en la amistad, ayuda a los desheredados de la Tierra como cooperante y se entrega a  la causa de la oposición birmana, todo ello por su cuenta. Este tipo de obras pueden resultar aburridas o dar como resultado algo vagamente parecido a un manual de instrucción para boy scouts. Pero la destreza literaria de la autora encaja bien esas páginas en el cuerpo de la narración sin que resulten una expansión ñoña:

“Y por eso me siento segura aquí, acunada en los brazos de un viejo amigo de piedra, mientras los primeros compases del avemaría empiezan a sonar y mis hermanas se deslizan precediéndome por el pasillo abovedado” (p. 102)

Hasta que, tras el impacto del 11-S y el asesinato de un amigo a manos de Al Qaeda, decide que ha llegado el momento de detener al terror intentando entenderlo. Y entonces se encuentra cara a cara a cara con Al Qaeda en Pakistán, embarazada de cinco meses, para intentar evitar un atentado con armamento nuclear a partir de la fiultración de un walk-in en la Embajada americana en Amman.

La autora explica cómo lo logra; y el parto, también.

Pero antes hay unas páginas interesantes sobre los errores de la CIA en la evaluación de falsas denuncias en relación a informes de amenazas de activos locales. El dato es interesante (pp. 91-95) porque la historia sería increíble para el gran público relatada incluso por un especialista externo a la Agencia. Pero al hacerlo ésta demuestra poseer la suficiente cintura como para permitir que la obra gane en credibilidad y trasfondo ético, con lo cual todos salen ganando: la autora, la editorial y, por supuesto, la misma CIA. Y así es comoEncubierta sacia de forma sobrada el hambre de clichés que el lector pueda tener sobre este mundo”