Soldados sin rostro

Las guerras civiles generan servicios de inteligencia con gran naturalidad. Informar, organizar redes de evasión o resistencia, sabotear, pueden convertirse en formas de sobrevivir en el campo hostil, que además el espía potencial conoce a la perfección. La guerra civil española no fue una excepción, más bien al contrario: dio lugar a un término que devino célebre internacionalmente: “quinta columna”; y a partir de ahí, “quintacolumnista”.

Una vez más y pesar de ello, ni los historiadores ni los novelistas le han dedicado mucha atención al fenómeno. El experto Domènec Pastor i Petit fue una excepción, pero desde antes de su desaparición (falleció en 2014 cuando contaba 87 años de edad) ya se estaba trabajando en nuevas o renovadas temáticas. Una muestra de ello es el excelente libro de José Ramón Fuensanta y Francisco Javier López-Brea Espiau, Soldados sin rostro. Los servicios de información, espionaje y criptografía en la Guerra Civil española (Inedita Eds., 2008). Los autores se centran en esa última faceta, la criptográfica que entre 1936 y 1939 tuvo una gran importancia debido a que en esa contienda los alemanes utilizaron por primera vez la máquina Enigma, que tendría un papel decisivo durante la Segunda Guerra Mundial.

Pero, de paso, los autores pasan revista a la sopa de siglas de los diversos servicios de inteligencia españoles que operan en la contienda, tanto republicanos como nacionales. No sólo eso: hay un tratamiento bastante prolijo sobre las necesidades, estrategias y líneas de trabajo de los diferentes servicios a lo largo de la contienda. Una tarea complicada, a veces rocambolesca si tenemos en cuenta el caos administrativo que genera una guerra civil lo cual supone la destrucción parcial de la administración del Estado, en medio de sospechas continuadas sobre la lealtad de los que, en apariencia, siguen en sus puestos. Todo ello sin contar con que el país está abierto a los cuatro vientos a la actividad -en interés propio- de los diversos servicios de inteligencia extranjeros.

La guerra civil española ha sido relatada a partir de una infinidad de consideraciones políticas asumidas por las mil y una personalidades que a veces tenían poder político e ideas claras, y en ocasiones no tanto. En cambio se ha atendido muy escasamente a la acción de profesionales que muchas veces tenían el control de la información.