Vuelve la “literatura de invasión”

Las crisis de Ceuta en este mismo mes de mayo trae a colación todo un subgénero de las novelas de espionaje clasificables “pulp de autoedición”. Se trata de toda una serie de obras mejor o peor escritas, y editadas por sus propios autores. Guste o no, éste es ya un fenómeno imparable que en este caso concreto llena el hueco de las antiguas “novelas de diez centavos”, como eran conocidas en los Estados Unidos, o “novelas de penique”.

Este tipo de obras resultan entretenidas por su acción trepidante y tramas poco sofisticadas, estereotipadas o incluso clónicas, muy en la línea de las historias de Tom Clancy e incluso en adaptaciones a la narrativa de wargames e historia contrafactual.

En España han contribuido al interés del gran público por la novela de espionaje a partir de la explotación de temáticas de gran atractivo popular, pero que las editoriales rechazan publicar por considerarlas políticamente incorrectas, a veces demasiado experimentales -esto es, por no adecuarse a líneas editoriales comerciales- o debido a su escasa calidad literaria. Por su parte, los autores buscan con sus obras una fuente de ingresos, entretenimiento personal o incluso concienciación de los lectores ante un determinado problema.

Las de Alberto Pertejo-Barrena, J. R. Escudero, Juan José Lozano Morales o Mariano Méndez Padilla son buenos ejemplos de este tipo de relatos que suelen centrarse en tramas relacionadas con el terrorismo yihadista o, precisamente, situaciones de conflicto militar entre España y Marruecos.

La reciente crisis en Ceuta pone de relieve los riesgos de las tramas de historia ficción, que los acontecimientos pueden dejar obsoleta el día menos pensado. A no ser que prime la calidad literaria, la retro ficción (esa historia que el lector no conoce pero a lo mejor sucedió) suele ser una apuesta menos arriesgada o que, al menos, envejece mejor. En el cambio de siglo XIX al XX triunfó la denominada “literatura de invasión” a partir de La Batalla de Dorking (1871) escrita por George Tomkyns Chesney, que relataba una invasión imaginaria de las Islas Británicas por Alemania, ficción que parecía creíble tras la aplastante derrota sufrida por Francia en la reciente guerra franco-prusiana y apelaba a los miedos profundos de la sociedad. Tanto es así que en años sucesivos se publicaron en diversos países europeos novelas similares con buenas cuotas de mercado.

En nuestros días, la avalancha de noticias, que apenas dejan ver conexiones transversales difíciles de considerar -incluso para profesionales del análisis de inteligencia- hacen difícil que una trama hipotética, desarrollada “en frío”, resulte veraz y mucho menos que se anticipe a la realidad. Pero la experimentación argumental y el ejercicio imaginativo pueden resultar muy estimulantes para lectores y autores y que, en definitiva, atraigan el interés del gran público hacia versiones no rudimentarias de la actualidad internacional.