Aquellos espías en sus viejos cacharros

Durante Primera Guerra Mundial (1914-1918), el espionaje cobró una enorme importancia, tanto a nivel táctico como estratégico. Fue la edad de oro de los espías románticos, que actuaban en solitario, muchas veces por su cuenta y que en determinados momentos incluso creyeron tener en sus manos el destino de países enteros.

Personajes como Sidney Reilly, T.E. Lawrence, Wilhelm Wassmuss o la celebérrima Mata Hari vivieron aventuras intensas con finales trágicos.

Por ello no es de extrañar que tras el conflicto surgiera toda una generación de escritores dispuestos a narrar historias reales o de ficción sobre esa temática.

El capitán W. E. Johns (1893-1968) fue uno de esos autores. Como era un aviador de combate, veterano del Royal Fliying Corps (RFC) británico, creó un personaje para sus novelas cuyas aventuras como piloto de caza se basaban en las propias experiencias del autor (aunque Johns fue instructor de vuelo durante la mayor parte de la guerra): el aviador James Bigglesworth, conocido por sus compañeros como “Biggles”, protagonista de un centenar de sus novelas, destinadas al público juvenil de la época y que tuvieron un enorme éxito en el mundo anglosajón, por detrás de las obras de Enid Blyton.

En 2011, la Editorial Edhasa tuvo la feliz idea de volver a publicar una de las novelas de Johns: Biggles en Oriente, que había aparecido originariamente en 1935. En ella, el capitán Bigglesworth combina su maestría en el vuelo con el desempeño de una misión de espionaje en el frente de Palestina. El resultado es un relato de pura acción, entretenido y de indudable interés para los aficionados al género, pero que apenas describe el entorno en el que acaece., a pesar de que Johns sirvió él mismo como infante en Gallípoli y Macedonia durante los primeros años de la Gran Guerra.